ama-zonas, sexto disco de Doctor Krápula

El sexto disco de la banda bogotana los encuentra en un momento de indecisión, en el que son y al mismo tiempo no son ellos mismos.

Desde hace tiempo Doctor Krápula abandonó su cómodo lugar de simple banda local buscando surgir en el escaso medio independiente colombiano, para intentar dar el salto a banda nacional, reconocida y medianamente respetada por el público amplio. Y luego de ya casi quince años de andadura, el grupo lo ha conseguido. ¿Cómo lo hicieron? Quién sabe en qué momento o bajo qué argumento, pero un día decidieron hacer explícita esa orientación por lo social que tímidamente había aflorado en sus discos iniciales y, a partir de Sagrado Corazón (2008), se calzaron totalmente y sin vergüenza alguna la capa de defensores de las causas sociales más variadas (violencia, desplazamiento, víctimas, ambientalismo, la tierra y el agua, etc.). De ahí en adelante, en una jugada muy similar a la hecha por Calle 13, aunque claro, con menor repercusión internacional, la que alguna vez fuera una banda de ska y algo de punk que destilaba frescura, gracia y energía con canciones (post)adolescentes que simplemente hacían reír, bailar o sonrojarse un poquito por tontas pero chistosas, fue reemplazada paulatinamente por un grupo plagado de certezas sobre lo que debe hacerse en la adultez. Y ahí tomaron el gesto serio y adusto de quienes quieren salvar al mundo gracias a su música ‘comprometida’ y plagada de buenas intenciones.

Que no se malinterprete lo que digo, que no es tanto una burla ni una crítica despiadada sino un elemento esencial del grupo, que no puede pasarse por alto porque termina afectando tanto su imagen como su sonido. Y esto, en últimas, es lo fundamental: no hay que olvidarse de que es música y a la música hay que valorársela, sobre todo, por lo bien o mal hecha que está, por la diversión que genere, por si suena fresca, agradable e inteligente o más bien todo lo contrario. Y es en ese terreno donde Krápula sí queda debiendo. Ese cambio de intenciones también vino acompañado de un cambio de sonido que se ha gestado desde hace tiempo y que los ha llevado del mencionado ska a hacer canciones rock y ya simplemente pop con algunos buenos resultados y otros no tan interesantes. Que se recuerden, por ahí están la famosa “El pibe de mi barrio”, “Bam” o “La fuerza del amor”, canciones con mucho potencial de radio y que sumaron fans por puñados para el grupo bogotano. Ahora, como parte de ese interés por lo social, y en especial por lo social latinoamericano, los Krápula incursionan con fuerza en Ama-zonas en esta amplia y variada tradición musical y, al hacerlo, logran tocar casi todos los palos, apoyados por el llamado Colectivo Jaguar, una abrumadora suma de colaboradores nacionales y extranjeros que se cuentan por dos decenas y cuya luminosidad deja muy bien parada la capacidad de relaciones públicas del grupo y su interés por sobrepasar sin consideraciones las fronteras entre géneros.

Esa reunión de nombres pequeños, medianos y muy grandes en un solo conjunto es muy emocionante. Están casi todos: miembros de los mexicanos Café Tacvba, Caifanes y La Maldita Vecindad, los uruguayos No te va Gustar, los argentinos Auténticos Decadentes, Ska-P de España, Profetas, Monsieur Periné, Aterciopelados y solistas de la talla de Celso Piña, Gustavo Cordera (antiguo vocalista de Bersuit Vergarabat) y Manu Chao, el referente claro a quien la banda siempre ha querido emular. Y eso, lograr esa coexistencia pacífica y amistosa –todo hay que decirlo– es muy loable porque son pocos los que tienen el coraje de hacerlo. El disco desgrana entonces canción tras canción con invitado a bordo, para moverse por todo el extenso espectro de “lo latino”. Hay cumbia mexicana y argentina; hay lo que alguna vez se llamó rock mestizo (una especie de mezcla entre rock y elementos latinos tradicionales); suenan música, cantos y voces indígenas; se escucha un tímido saludo al vallenato; la siempre larga sombra de la música del mencionado Manu Chao, esa imposible pero muy efectiva combinación de punteos de guitarra acústica, sampleos e imágenes cotidianas y evocadoras de algún pueblo remoto de la geografía suramericana; y hasta aparecen en algún momento el ska, el hip-hop y el reggae que tanta presencia tienen en el continente, así como la música brasilera en clave jazz y bossa nova. Además, un poco fuera de foco, pero –suponemos– para seguir en la búsqueda del género universal, hay también espacio para la electrónica de corte ambiental y sintetizada.

El conjunto es, sin duda, bastante desigual –bastante de verdad, sin exagerar–, con unas canciones muy pulidas y bien hechas (la que le da el nombre al disco, “Selva Cumbia”, “Río” con Andrea Echeverri y “Seinekvn” con Manu Chao) y otras con una producción pobre y casi que terminada a las carreras (“El rugido del jaguar”, que parece 3 canciones en una sola y ninguna de ellas convence, o “Puerto Carretera”, con ese ‘algo’ a medio camino entre el ska, la electrónica, el rock y su letra, que da más vergüenza ajena que otra cosa). Al final, en todo caso, el resultado es más positivo que negativo sobre todo si se le considera desde el punto de vista de las intenciones y la idea general. En últimas, llevar a cabo un proyecto de semejante ambición y extensión –57 minutos– es muy complicado, no hablemos ya de salir perfectamente bien librados. El esfuerzo es gigante y sí que da frutos agradables que vale la pena escuchar.

La pega que uno puede poner en este caso, no al Colectivo sino a Krápula es que el oyente termina por pensar que éste, el álbum en el que el grupo quiere consolidarse definitivamente –y para eso se da el lujo de reunir a sus grandes amigos a cantar por la causa que que ellos abanderan–, es más bien un disco de todos los demás donde el grupo bogotano es el invitado de turno porque su aparición en los 26 cortes es siempre secundaria. Por eso, la amplitud de registros y posibilidades sonoras que es una ventaja, al tiempo también se convierte en punto débil para el disco como conjunto. Ama-zonas, con ese título tan sugerente como soso, suena a todo y a nada en concreto y el Doctor no da muestras reales de estar presente. Así, le apuestan a lo fijo y terminan en el terreno de lo ambiguo: suenan a todo menos a ellos mismos –porque casi ni suenan y cuando se escuchan entre las potentes voces de los demás no dan muestras de identidad– y aún así siguen intactos y fortalecidos en sus intenciones de ser la voz de la cruzada social, que es en últimas –quién lo duda– lo que más quieren.

Por qué sí Ama-zonas y el Colectivo Jaguar: Si quiere disfrutar de una improbable y curiosa mezcla de música pop latinoamericana con un clarísimo discurso ecológico que, en medio de todo, sí es muy necesario en el caso de una fuente de vida tan importante como el Amazonas. También si no le parece grave que un único disco suena a por lo menos diez álbumes diferentes.

Por qué no Ama-zonas y el Colectivo Jaguar: Si usted no es particularmente cercano a la música ‘con mensaje’ o que quiere transmitir un discurso muy específico y claro en términos sociales y políticos. Tampoco es recomendado si cree que un álbum debe guardar cierta coherencia sonora interna, porque en Ama-zonas hay de todo menos eso.

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